Y yo me encontraba allí, recostada en tu cama, mi piel fría y blanca como la nieve esperando a que salieras de la ducha. De pronto tu silueta se acercó, mi cuerpo tembló y un calor recorrió cada espacio de mi ser. Me miraste y no debiste decir nada, con solo aquella pequeña mirada pude comprender que el momento había llegado, yo lo esperaba con tantas ansías y fue entonces cuando tu cuerpo se apretó al mio, tus manos recorrieron cada rincon de mi y ya no eramos ni tú ni yo, eramos
nosotros (L)
No hay comentarios:
Publicar un comentario